domingo 28 de noviembre de 2010

"Tú gobiernas todo el universo, tuyo, Señor, es el Reino..."

DOMINGO XXXIV


JESUCRISTO, SEÑOR DEL UNIVERSO




Jesús dijo a sus discípulos: 'cuando venga el Hijo del hombre, sucederá como en tiempos de Noe. En los días que precedieron al diluvio, la gente comía, bebía y se casaba hasta que Noe entró en el arca; y no sospechaban nada hasta que llegó el diluvio y los arrastró a todos. Lo mismo sucederá cuando venga el Hijo del hombre. De dos hombres que estén en el campo, uno será llevado y el otro dejado. De dos mujeres que estén moliendo, una será llevada y la otra dejada. Estén prevenidos, porque ustedes no saben qué día vendrá su Señor. Entiéndanlo bien: si el dueño de casa supiera a qué hora de la noche va a llegar el ladrón, velaría y no dejaría perforar las paredes de su casa. ustedes también estén preparados, porque el hijo del hombre vendrá a la hora menos pensada." Mt. 24, 37-44



La historia de la humanidad, según el mismo Cristo nos lo enseña puede leerse en esta perspectiva de completud de un ciclo. Al inicio, la creación de Dios Padre... al final de los tiempos, la venida en gloria del hijo del hombre.

A manera de profeta, Jesús anticipa lo que ocurrirá ese día, signos que antecederán esos hechos y la absoluta justicia de Dios dando a cada uno su parte, su entrada en el Reino o no.

Si El Hijo de Dios no se hubiera hecho hombre, la historia del universo no hubiera sido la misma, pero como la Encarnación del Verbo es un hecho, todo el universo cobra un nuevo significado. Toda la realidad se vuelve cristocéntrica.

Y es nuestro deber hacer que todos y todo sea instaurado en Cristo a medida que transcurre el tiempo, todas las realidades mundanas deben ser alcanzadas por la Gracia Salvífica de Cristo.

Algunos necesitan de esa Gracia purificadora más que otros, algunos pueblos, algunas culturas necesitan más de esa Luz vivificante propia de Cristo que otros, el deber del cristiano es hacer que Jesús llegue a todos y que el Reino de Dios sea edificado en el mundo definitivamente.

Mientras tanto, somos simples peregrinos que transitamos el camino de la vida esperando llegar ese día marcado por el Padre a su Reino prometido...


Que en nuestras oraciones podamos pedir a Dios ser parte de su recompensa eterna y que nada de este mundo nos obnubile nuestro propósito de alcanzar esa meta. Amén.



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