
"... El que ha sido digno de confianza en cosas sin importancia, será digno de confianza también en las importantes; y el que no ha sido honrado en las cosas mínimas, tampoco será honrado en las cosas importantes. Por lo tanto, si ustedes no han sido dignos de confianza en manejar el sucio dinero, ¿quién les va a confiar los bienes verdaderos? Y si no se han mostrado dignos de confianza con cosas ajenas, ¿quién les confiará los bienes que realmente son nuestros?
Ningún siervo puede servir a dos patrones, porque necesariamente odiará a uno y amará al otro o bien será fiel a uno y despreciará al otro. Ustedes no pueden servir al mismo tiempo a Dios y al dinero."
Las 'trampas' de este mundo nos pueden confundir, y hasta incluso enloquecer, hacer perder la cordura, el sano juicio en el modo en el que nos conducimos en esta vida, de manera que perdamos hasta el verdadero Norte que nos mantiene vivos: la Casa del Padre.
En esta oportunidad, Jesús relata una parábola conocida como la parábola del administrador sagaz en la que se narran los manejos poco honestos de este administrador quien, después de haberle robado a su patrón, se ve en el aprieto de perder todo lo que poseía. Allí comienzan sus artilugios astutos para no verse tan desfavorecido. Si bien, la conducta deshonrada de este administrador no es digna de aprobación, Jesús rescata el modo en el que este empleado sale del paso. Haciendo uso de los favores dados, pide intercambio de beneficios, en una palabra extorsiona a los clientes de su patrón para encontrar salida...
Claro que el administrador pierde toda confianza de su patrón, quien no es honesto en los asuntos ajenos, tampoco lo es en los propios, quien no es digno de confianza en lo poco, menos lo es en lo que importa...
Imposible tener dos amos, dos patrones, dos dioses, la dualidad, la infidelidad es inevitable... se ama a uno y se desprecia a otro, el engaño y la mentira se hacen presentes... El gran oponente de Dios es el poder del hombre que desde épocas inmemorables ha sido la riqueza, el dinero. O pongo toda mi confianza en Dios, o me sujeto y me atengo al poder de los hombres y sus promesas...
Sabiduría popular, me atrevo a decir, de Dios venimos y hacia Dios nos dirigimos, los intermedios son inevitables y necesarios, pero es de suma importancia saber distinguir entre el amo y el capataz...

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