DOMINGO XVIII
DURANTE EL AÑO

"Uno de la multitud dijo al Señor: 'Maestro, dile a mi hermano que comparta conmigo la herencia'. Jesús le respondió: 'Amigo, ¿quién me ha constituido juez o árbitro entre ustedes?' Después les dijo: 'Cuídense de toda avaricia, porque aún en medio de la abundancia, la vida de un hombre no está asegurada por sus riquezas'. Les dijo entonces una parábola: 'Había un hombre rico, cuyas tierras habían producido mucho, y se preguntaba a sí mismo: '¿qué voy a hacer? No tengo dónde guardar mi cosecha'. Después pensó: 'Voy a hacer esto: demoleré mis graneros, contruiré otros más grandes y amontonaré allí todo mi trigo y mis bienes, y diré a mi alma: alma mía, tienes bienes almacenados para muchos años; descansa, come, bebe y date buena vida.' Pero Dios le dijo: 'Insensato, esta misma noche morirás', y ¿para quién será lo que has amontonado? Esto es lo que sucede al que acumula riqueza para sí, y no es rico a los ojos de Dios.'
Sin lugar a dudas, una característica esencial de la vida de Jesús fue su radical pobreza, no sólo fue un hombre despojado de todo pecado y absolutamente humilde delante de Dios, sino que lo mismo fue pobre en cuanto a lo material, no poseía bienes terrenos... 'el Hijo del Hombre no tiene dónde reposar su cabeza...' Y muy seguido advierte, según leemos en los evangelios, las graves advertencias que les hace a sus discípulos de tener mucho cuidado de codiciar las riquezas. El estilo de vida de Cristo es austero en todo, primero la austeridad en lo material, no se puede ser humilde de espíritu si primero no se es capaz de renunciar contundentemente a toda riqueza mundana. Como si les hubiera tendido una trampa, Él, el mismo Verbo Eterno del Padre, al encarnarse, al hacerse hombre, se despoja Él mismo y a los suyos: su Madre, su padre adoptivo de cualquier riqueza, y lo hace al extremo, nace en un pesebre porque no había lugar para que Él naciera... Desde que fue parido Jesús desconoció cualquier confort, cualquier lujo... su misión fue instaurar el Reino de Dios, el Reino de los Cielos en el mundo, Cristo vino a inaugurar un nuevo modo de vida, un nuevo orden de vida, restaurar lo perdido por causa del pecado e instaurar todo el universo, todo el cosmos según el designio del Padre.
Claramente, las riquezas mundanas representan, son el signo expreso del poderío del hombre que domina la tierra, el cual es legítimo si se observa la equidad para todos y cada uno de los hombres, de lo contrario, la riqueza material se convierte en el ídolo que se opone a Dios mismo. '... nadie puede servir a dos señores, porque amará a uno y odiará al otro, nadie puede servir a Dios y al dinero...'
Jesús siempre lo dejó claramente expresado en sus mandatos: 'cuídense de toda avaricia...'
Por medio de esta parábola del hombre rico que cosecha abundantemente y sólo le importa acumular y acumular mientras a su lado viven hermanos hambrientos, Cristo nos deja no sólo una enseñanza, sino una maldición, como las que Él sabía imprecar... 'Dios le dijo: Insensato!! esta noche morirás!' El absurdo, la vergüenza, el ridículo, el despropósito y la muerte eterna le espera a todo aquel que hace de la riqueza mundana su dios y bloquea así los designios divinos sobre sus verdaderos hijos...
Que como humildes creyentes cristianos, podamos seguir cada día con mayor fidelidad este mandato: desapego a las riquezas por el reino de Dios.

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