DOMINGO VII
DEL TIEMPO DE
PASCUA

"Yo no dejo la tierra.
No, yo no olvido a los hombres.
Aquí, yo he dejado la guerra;
arriba están vuestros nombres.
¿Qué haceis mirando al cielo,
varones sin alegría?
Lo que ahora parece un vuelo
ya es vuelta y es cercanía.
El gozo es mi testigo.
la paz, mi presencia viva,
que, al irme, se va conmigo
la cautividad cautiva.
El cielo ha comenzado.
Vosotros sois mi cosecha.
El Padre ya os ha sentado
conmigo a su derecha.
Partid frente a la aurora.
Salvad a todo el que crea.
Vosotros marcáis mi hora.
Comienza vuestra tarea."
Aclamemos alegres a Jesucristo, que se ha sentado hoy a la Derecha del Padre:
CRISTO, TÚ ERES EL REY DE LA GLORIA
Rey de la Gloria, que has querido glorificar por medio de tu cuerpo la fragilidad de nuestra carne, elevándola hasta la gloria del cielo, purifícanos de toda mancha y devuévenos nuestra antigua dignidad.
Tú, que por amor descendiste hasta nosotros, haz que también nosotros por amor, subamos hasta Ti.
Tú que prometiste atraer a todos hacia ti, no permitas que nosotros seamos apartados de la unidad de tu cuerpo.
Tú que nos has precedido al cielo en tu ascensión gloriosa, haz que te sigamos ahí donde nuestro corazón y nuestra mente.
Ya que te esperamos como Dios, juez de todos los hombres, haz que un día podamos contemplarte en tu gloria y majestad, junto con nuestros hermanos difuntos.
Concédenos, Señor, rebosar de alegría al celebrar la gloriosa ascensión de tu Hijo, y elevar a ti una cumplida acción de gracias, pues el triunfo de Cristo es ya nuestra victoria y, ya que él es la cabeza de la Iglesia, haz que nosotros, que somos su cuerpo, nos sintamos atraídos por una irresistible esperanza hacia donde él nos precedió. Amén

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