DOMINGO V
DE
PASCUA

"Cuando Judas salió, Jesús dijo: 'Ahora es glorificado el Hijo del Hombre y Dios es glorificado en Él. Por lo tanto, Dios lo va a introducir en su propia gloria, y lo glorificará muy pronto. Hijos mios, yo estaré con ustedes por muy poco tiempo. Me buscarán, y como ya dije a los judíos, ahora se lo digo a ustedes: donde yo voy ustedes no pueden venir.
Les doy un mandamiento nuevo: que se amen los unos a los otros. Ustedes deben amarse los unos a los otros como yo los he amado. En en esto reconocerán que son mis discípulos: en que se aman unos a otros."
Antes de ascender a los cielos, Jesús nos deja este mandamiento, lo llamamos el mandamiento del Amor. Si bien todos conocían el Decálogo de la Antigua Alianza, para reafirmar su Mensaje Evangélico, Cristo enuncia explícitamente en qué consiste la Ley Perfecta: amar como Él ama.
En el amor incondicional que se da por sí mismo gratuitamente, allí, se encuentra la perfección, la bendición más alta del Padre. Cuando amamos como Cristo nos amó, hasta la muerte, Dios nos reconoce como discípulos de Cristo, y más aún, como hijos del Padre.
Más allá de cualquier credo, de cualquier creencia, de cualquier fe, el común denominador de todo hombre y de toda mujer, de todo ser humano, es el amor recibido y entregado; su capacidad de amar.
Y supongo que esta capacidad debe ser grande, enorme, sin límites, a la manera de Cristo, quien dio todo al todo.
Que en el corazón misericordioso del Señor, encontremos la fuente de Vida Eterna que sacie nuestra sed de lo hermoso, de lo bello, de lo alegre... Dios mismo, y nosotros en Él.

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