
Te diré mi amor, Rey mío,
en la quietud de la tarde,
cuando se cierran los ojos
y los corazones se abren.
Te diré mi amor, Rey mío,
con una mirada suave,
te lo diré contemplando
tu cuerpo en pajas yace.
Te diré mi amor, Rey mío,
adorándote en la carne,
te lo diré con mis besos,
quizás, con gotas de sangre.
Te diré mi amor, Rey mío,
con los hombres y con los ángeles,
con el aliento del cielo
que espiran los animales.
Te diré mi amor, Rey mío,
con el amor de tu Madre
con los labios de tu Esposa
y con la fe de tus mártires.
Te diré mi amor, Rey mío,
¡oh Dios del amor más grande!
¡Bendito en la Trinidad,
que has venido a nuestro valle!.
Amén
Que Cristo, desde el humilde pesebre de Belén, nos renueve el corazón a su imagen. En el anonadamiento del Dios hecho hombre, podamos tomar ejemplo de la pobreza del espíritu cristiano.
Feliz Navidad

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