DOMINGO XXII
DEL TIEMPO ORDINARIO

"Los fariseos con algunos escribas llegados de Jerusalen se acercaron a Jesús, y vieron que algunos de sus discípulos comían con las manos impuras, es decir, sin lavar. [...] Entonces los fariseos y escribas preguntaron a Jesús: '¿Por qué tus discípulos no proceden de acuerdo con la tradición de nuestros antepasados, sino que comen con las manos impuras?'. Él les respondió : 'Hipócritas! Bien profetizó de ustedes Isaías, en el pasaje de la Escritura que dice : 'Este pueblo me honra con los labios, pero su corazón está lejos de mí. En vano me rinde culto: las doctrinas que enseñan no son sino preceptos humanos.' Ustedes dejan de lado el mandamiento de Dios, por seguir la tradición de los hombres'. Y Jesús, llamando otra vez a la gente les dijo: '¡Escúchenme todos y entiéndanlo bien. Ninguna cosa externa que entra en el hombre puede mancharlo; lo que lo hace impuro es lo que sale del hombre. Porque es del interior, del corazón de los hombres, de donde provienen las malas intenciones [...] la maldad..."
La cultura es algo característico de la persona humana en su relación con todo lo que lo rodea en su existencia terrena. Es comprensible que nos aferremos a las costumbres de nuestros antepasados, costumbres practicadas generación tras generación. Nos da una sensación de seguridad, de estar haciendo lo correcto, lo que se debe hacer... con la única explicación de que 'así siempre se hizo'. Y si de esta u otra forma las cosas se han hecho y han 'resultado', ¿por qué dejar de hacerlas?
Jesús se topa con un cúmulo enorme de tradiciones de su pueblo que, para su tiempo, ya habían caído en el mero ritualismo, vacío de verdad. Muchos de los rituales que practicaban los judíos en tiempos de jesús habían perdido su real y verdadero sentido y finalidad: dar culto a Dios, adorarlo, honrarlo. De esto se trata la lectura de este domingo. El Señor pasó buena parte de su ministerio público batallando contra estos ritualismos, al punto que, lo crucificaron por ir en contra de lo que la clase dirigente sostenía en cuanto a la religión sobre todo. Jesús proclama un Dios que ya no se adora en ningún monte, sino en la Verdad y la Justicia, si recordamos el diálogo con la mujer Samaritana.
En nuestra época, aunque nos enorgullezcamos de haber superado muchas de esas cosas, en mi opinión, creo que, seguimos tan aferrados como los fariseos y escribas a un montón de ritualismos que no nos ayudan a crecer en la fe, que en definitiva no cumplen el cometido de honrar a Dios, de cumplir su Mandamiento: el Amor. Por más 'post modernos' que nos consideremos o 'superados' en un montón de cuestiones... pienso que, si bien, tratamos de buscar a Dios con sinceridad, aún nos aferramos a muchas tradiciones, costumbres, modos de pensar, de actuar... en fin.
Roguemos a la santísima Madre María, quien en su Maternidad Virginal del Verbo Eterno, supo ir más allá de toda tradición farisaica en cumplimiento fiel de la Voluntad de Dios; que nosotros también podamos ir descubriendo y liberándonos de todo aquello que nos estanca en el camino de santidad.
AMEN
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