
Así rezaba este santo Santo Sacerdote Jesuita chileno:
"Señor, yo quiero ser tu jesuita, y para prepararme quiero ser santo, quiero grabar tu imagen en mi alma y aplicarla en mi vida.
Ayúdame, oh buen Jesús.
Señor, yo soy débil y malo, pero Tú muy clemente y bueno.
Alcánzame la gracia de serlo. "
Así pensaba...
"Llegará un momento en que la Santísima Trinidad se apiadará del desorden y miseria que reinan en mi alma y Jesús querrá encarnarse en mí.
No podrá hacerlo si María no está en mi corazón.
¡Que mi corazón sea su Nazareth: Oración, silencio, tranquilidad. Para la tranquilidad, confianza en Ella y en Jesús. "
Verdaderas palabras de un SANTO SACERDOTE que no se conformaba con repetir palabras, sino que, como su vida nos lo demostró las llevó hasta las últimas consecuencias, dándolo todo por todos.
Querido padre SAN ALBERTO HURTADO,
¡¡RUEGA POR NOSOTROS!!

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