
"... Los judíos discutían entre sí, diciendo: '¿cómo este hombre puede darnos a comer de su carne?'. Jesús les respondió : 'Les aseguro que si no comen la carne del Hijo del hombre y no beben su sangre, no tendrán, no tendrán Vida en ustedes. El que come mi carne y bebe mi sangre tiene Vida Eterna y Yo lo resucitaré en el último día. Porque mi carne es la verdadera comida y mi sangre y mi sangre, la verdadera bebida. El que come mi Carne y bebe mi Sangre permanece en Mí y Yo en él. Así como Yo he sido enviado por el Padre que tiene Vida, vivo por el Padre, de la misma manera, el que me come vivirá por Mí... El que coma de este pPan, vivirá eternamente..."
Muy claras y contundentes las Palabras del Señor en este Domingo, una vez más, enfatiza la importancia de mantener el vínculo con Él y junto a Él, al Padre por medio del Sacramento de la Eucaristía.
Ya en esta vida peregrina, efímera, terrena, gracias a los sacramentos, a la oración, a la Palabra inspirada por Dios; podemos "saborear" al menos un poquito de lo que será la Vida Eterna en la Gloria.
Señor, que nunca, ninguna distracción, comodidad, bienestar de este mundo, nos despiste en el sentido, la orientación de lo que es verdaderamente Bueno, y uno sólo es bueno: DIOS.
¡QUE ASÍ SEA!

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