DOMINGO XIV
DEL TIEMPO ORDINARIO

"Jesús se dirigía a su pueblo, seguido de sus discípulos. Cuando llegó el sábado, comenzó a enseñar en la sinagoga, y la multitud que lo escuchaba estaba asombrada y decía: '¿De dónde saca todo esto?, ¿qué sabiduría es esta que le ha sido dada y esos grandes milagros que se realizan por sus manos?, ¿no es acaso el hijo del carpintero, el hijo de María, hermano de Santiago, de José, de Judas, de Simón? ¿Y sus hermanas no viven aquí entre nosotros?'. Y Jesús era para ellos un motivo de excándalo. Por eso les dijo: 'un profeta es despreciado solamente en su pueblo, en su familia, en su casa'. Y no pudo hacer ningún milagro, fuera de sanar a unos pocos enfermos, imponiéndoles las manos. Y Él se asombraba de su falta de fe."
Este episodio de Jesús en los comienzos de su vida pública, desde esos momentos, marcará como un sello, una de las tantas adversidades por las que tendrá que atravesar para llevar a cabo la misión encomendada por el Padre. La incomprensión de los suyos, el excándalo que provocaba en todos los que lo conocían, más aún en su familia, su propia Madre estaba desconcertada al ver tales cosas.
Con poca o mucha respuesta positiva de parte de quienes lo escuchaban, Jesús debía continuar, llevar adelante su tarea redentora, dejando de lado toda crítica, rechazo, calumnia... Sólo el amor a Dios lo animaría a seguir y el cariño de las personas que permitían que Él transformara sus vidas por la fe que le profesaban.
Que como discípulos misioneros de nuestro Señor Jesucristo, nunca abandonemos la llamada a dar a conocer la Buena Nueva: Tesoro que Cristo nos dejara en su vida, Dios nos ama!!
SALUDOS

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